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martes, 15 de marzo de 2011

216.- No te rindas

No te rindas

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,

sitio web de la imagen: oierr.wordpress.com

Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.

Mario Benedetti












domingo, 13 de marzo de 2011

215.- ¡¡ INDIGNÉMONOS !!

" A TODOS LOS QUE HARÁN EL SIGLO XXI, LES DECIMOS CON AFECTO: CREAR ES RESISTIR, RESISTIR ES CREAR "
( STÉPHANE HESSEL )

Todos tenemos motivos para indignarnos, pero casi nadie lo hace
. Acabo de leer un libro de un caballero de 93 años, titulado precisamente ¡Indignaos!, que es una invitación a la insurrección pacífica, a desperezarse, a rebelarse contra un mundo en el que los ciudadanos no somos los protagonistas de la historia, sino meros invitados a pagar la fiesta. El autor es Stéphane Hessel, un venerable anciano de mente despierta, que se unió a la Resistencia en Londres, fue apresado por la Gestapo y se salvó de una muerte segura en Buchenwald al cambiar su identidad por otro preso. Tras la guerra, se convirtió en diplomático, formó parte después del equipo redactor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, luego ejerció de embajador en Francia ante la ONU y más tarde fue defensor de la causa palestina. Así que quien hace el alegato contra la indiferencia es un personaje que tiene la autoridad moral de haberse jugado el tipo unas cuantas veces.

Leyendo a Hessel, entran ganas de gritar en mitad del ágora. Es cierto, nos tratan como si la crisis la hubiéramos provocado nosotros, como si fuéramos culpables de la deriva actual. Pero lo más grave es que, quienes lo hacen, son precisamente aquellos que no previeron lo que sucedería, que negaron lo evidente y que no tomaron medidas para corregirlo. Son los mismos que nos animaban a estirar más el brazo que la manga, a gastar como acto patriótico. Dice otro nonagenario sabio como José Luis Sampedro en el prólogo: “Actualmente en Europa y fuera de ella, los financieros, culpables indiscutibles de la crisis, han salvado ya el bache y prosiguen su vida como siempre sin grandes pérdidas. En cambio, sus víctimas no han recuperado el trabajo ni su nivel de ingresos”. Hessel advierte: el poder del dinero nunca fue tan grande, insolente y egoísta, desde sus siervos hasta las más altas esferas del Estado. Los bancos, privatizados, se preocupan en primer lugar de sus dividendos y de los altísimos sueldos de sus dirigentes, pero no del interés general.

El libro nos convida a indignarnos, porque de la indígnación nace el compromiso. A rebelarnos para salvar los logros democráticos basados en valores éticos. No reclama ninguna violencia, al contrario, el autor piensa que la fuerza de la razón es la respuesta más rotunda ante tanto falsario. De lo que se trata es de no aceptar las explicaciones de los mismos que no supieron darlas en su momento, es de no pagar la factura de quien gastaron nuestro dinero. Habrá quien diga que el alegato de Hessel es un brindis al sol, pero los cientos de miles de ejemplares que lleva vendidos demuestran que su discurso no ha caído en saco roto.

En tiempos de tanta estultez en la política, de tanta desfachatez de las finanzas, de tanta vacuidad de la cultura, siempre nos quedará indignarnos. Para cambiar el mundo o para hacer un corte de mangas a tiempo.

Texto: Màrius Carol ( La Vanguardia domingo 13 de marzo)

traducción española del texto ofrecida por: EUROTOPÍA :http://lacomunidad.elpais.com/eurotopia/2011/2/28/-indignaos-#c2310376

sábado, 22 de enero de 2011

210.- La escafandra del optimista



No puedo cambiar la dirección del viento, pero puedo ajustar las velas para llegar a mi destino” (James Dean)

El 27 de octubre de 1879, el inventor estadounidense Thomas Alva Edison logró su lámpara de filamento de carbono, que permaneció encendida en Nueva York durante dos días. Era el inicio de la era de la iluminación eléctrica
Thomas Alva Edison o cómo no quemarse con los fracasos. “Ahora sé mil maneras de no hacer una bombilla” (pág 71)
Las personas optimistas son capaces de interpretar los fracasos como oportunidades de superación. El propio Edison repetía a menudo que, en los miles de intentos fallidos que debía superar para crear la bombilla, jamás perdía el ánimo, porque cada error que dejaba atrás era un nuevo paso adelante (pág 71)
Edison patentó más de un millar de inventos e hizo suya esta frase:
“Hay una cosa peor que los fracasos, los pocos intentos” (pág 72)
“Dirige tu rostro hacia la luz del sol y dejarás de ver las sombras” ( Hellen Keller ) ( pág 81)
“Un pesimista ve la dificultad en cada oportunidad; un optimista, la oportunidad en cada dificultad” (Winston Churchill)
“Si no defiendes algo, te rendirás por cualquier cosa” (Malcom X)
“No juzgues el día por la cosecha que has recogido sino por las semillas que has sembrado” (Robert Louis Stevenson)
“¿La diferencia entre un pesimista y un optimista? Un optimista se ríe para olvidar, un pesimista se ha olvidado de reír” (Tom Bodett)
“La oportunidad se encuentra en el centro de la dificultad” (Albert Einstein)
“Un viaje de mil millas empieza por un solo paso” (Lao Tsé)
“Un mar calmado nunca formó a un buen marinero” (Proverbio inglés)
“No te preocupes porque tu vida pueda terminar, Preocúpate por si no ha empezado” (Grace Hansen)
“No tengas miedo por construir castillos en el aire. Es allí donde tienen que estar. Ahora tienes que poner los cimientos debajo” (Henry David Thoreau)
“Saltar de alegría es el mejor de los ejercicios” (Anónimo)
Texto: frases tomadas de "La escafandra del optimista" ( Allan Percy )
Imagen. Winter Sunrise: The Young America Derek G.M. Gardner

jueves, 15 de abril de 2010

193.- Una historia de " galletas "

Cuando aquella tarde llegó a la vieja estación, le indicaron que el tren en el que ella viajaría se retrasaría aproximadamente una hora. La elegante señora, un poco fastidiada, compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua para pasar el tiempo. Buscó un banco en el andén central y se sentó preparada para la espera.

Mientras hojeaba su revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un diario. Imprevistamente, la señora observó como aquel muchacho, sin decir una sola palabra, estiraba la mano, agarraba el paquete de galletas, lo abría y comenzaba a comerlas, una a una, despreocupadamente.
La mujer se molestó por esto, no quería ser grosera, pero tampoco dejar pasar aquello o hacer como que nada había pasado; así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete y sacó una galleta, la exhibió frente al joven y se la comió mirándolo fijamente a los ojos.
Como respuesta, el joven tomó otra galleta y mirándola la puso en su boca y sonrió. La señora ya enojada, tomó una nueva galleta y, con ostensibles señales de fastidio, volvió a comer otra, manteniendo de nuevo la mirada en el muchacho. El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta.
La señora estaba cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente. Finalmente, la señora se dio cuenta de que en el paquete sólo quedaba la última galleta. “-No podrá ser tan descarado”, pensó mientras miraba alternativamente al joven y al paquete de galletas. Con calma, el joven alargó la mano, tomó la última galleta, y con mucha suavidad, la partió exactamente por la mitad. Así, con un gesto amoroso, ofreció la mitad de la última galleta a su compañera de banco. ¡Gracias! - dijo la mujer tomando con rudeza aquella mitad. De nada - contestó el joven sonriendo suavemente mientras comía su mitad.

Entonces el tren anunció su partida... La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón. Al arrancar, desde la ventanilla de su asiento vio al muchacho todavía sentado en el anden y pensó: “¡Que insolente, que maleducado, que grosero!”. Sin dejar de mirar con resentimiento al joven, sintió la boca reseca por el disgusto que aquella situación le había provocado. Abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó totalmente sorprendida cuando encontró, dentro de su cartera, su paquete de galletas intacto.

Fuente: adaptación de un relato tomado de internet

sábado, 20 de marzo de 2010

191.- Giro Copernicano

Hemos visto recientemente en clase, que Kant dio un "giro copernicano" en la Teoría del conocimiento , situando al sujeto en el centro de la misma y de su relación con el objeto de conocimiento; al igual que Copérnico hiciera con el Sol , cambiando así la visión "geocentrista" por la "heliocentrista".

Una "nueva mirada", una nueva forma de percibir, dio lugar a un nuevo paradigma explicativo...Los cielos eran los mismos, pero no la forma de observarlos.

En su novela "Copérnico", Jhon Banville expone con exquisita calidad literaria las tribulaciones de este astrónomo obsesionado al igual que otros personajes de Banville, en aliviar la desazón de sus interrogantes mediante la búsqueda del conocimiento. Por esta obra,Banville recibió el premio James Tait Black. Banville ahonda en los procesos del pensamiento con una genial maestría.

Aquí extraigo algunos pasajes:

" La vida corría junto a él y él esperaba algo bajo su oleaje, pero no sabía qué, aunque tal vez fuera que lo rescataran "( p. 35)

"El profesor lo miraba con atención, como si estudiara una nueva especie de roedor, presumiblemente arisca" (p. 46)

“Se miró a sí mismo como si se contemplara desde fuera”

" Así como un ciego bobalicón, había intentado llegar a un nuevo destino viajando por las rutas antiguas, había pretendido crear una teoría original con métodos convencionales " ( p. 107)

"Un día, de repente, Dios lo abandonó, aunque es probable que hubiera ocurrido mucho tiempo antes y sólo se diera cuenta entonces. La crisis vino inesperadamente, pues él nunca había cuestionado su fe y se sintió como un traseúnte que se detiene, despreocupado, a mirar una pelea y lo derriban por error con un golpe terrible. Y sin embargo no era exactamente una crisis, pues en su alma no había ni una gran confusión ni dolor, sólo una falta de sensibilidad, un atontamiento" (p. 142)

Los fragmentos citados corresponden a "Copérnico" Jhon Banville Ed. Edhasa, 1990

Imagen: El Astrónomo ( Vermeer- 1668)



sábado, 13 de marzo de 2010

190.- AMABILIDAD .- Leyendo juntos "¿Qué hay que enseñar a los hijos?" (Victoria Camps)

Una persona amable es aquella que se hace digna de amor. Dicho con un lenguaje más llano: la que se hace querer. ¿Cómo lo hace? mostrándose comprensiva, abierta, disponible, dispuesta a echar una mano. En una palabra, no escatimando simpatía. La palabra «simpatía», significa etimológicamente «sentir con»: sentir la alegría y también el dolor del otro, estar con él pase lo que pase, a las duras y a las maduras. Es la misma palabra que «compasión», que también significa «sentir con» el otro. La compasión es un concepto que se ha ido deteriorando con el tiempo, hasta el punto de que uno rechaza que le compadezcan. Identificamos la compasión con la piedad, la caridad, las buenas obras, la limosna, es decir, toda la parafernalia mojigata que acompaña a una más que sospechosa buena conciencia, dispuesta a atender momentáneamente al que sufre parar poder olvidarlo de inmediato. Así entendida, la compasión tiene poco que ver con esa disposición a una amistad cultivada, no sentida en primer término, pero imprescindible para que la vida en común sea cómoda y agradable. Por eso Schopenhauer pensaba que la compasión debía entenderse como «el resorte de la moralidad».Porque la compasión se opone a la crueldad, que es el mal propiamente dicho(...)

Aunque la soledad radical es contraria a la humanidad, todos sentimos el atractivo de la vida solitaria que implica independencia y alejamiento de todo lo que puede molestar. La tendencia a la soledad, a la introversión, es muy característica de la adolescencia. Es la muestra de la «sociable insociabilidad» del ser humano, según la bella expresión de Kant: vivimos en la permanente contradicción de necesitar y querer a los demás y cansarnos de ellos o rechazarlos. Quisiéramos creer que nos bastamos a nosotros mismos pero sabemos que no somos autosuficientes. Para salir de esa paradoja inevitable, no hay más remedio que obligarse a ser sociable, amable, compasivo, simpático. Adam Smith, que fue un gran defensor de la simpatía como base y fundamento de las relaciones humanas, escribió lo siguiente: «la sociedad y la conversación son los remedios más poderosos para restituir la tranquilidad a la mente, si en algún momento, desgraciadamente, la ha perdido; y también son la mejor salvaguardia de ese uniforme y feliz humor que tan necesario es para la satisfacción interna y la alegría». O sea que la amabilidad es tanto un bien para los demás como para la salud, el bienestar y el buen humor de uno mismo. En realidad, no descubrimos nada que no tenga ya muchos siglos. Enseñar a ser amable es partir del supuesto de que sin amor la vida es inhumana. (p 53-55)

Fuente: Extractos de las páginas 53-55 del libro de Victoria Camps "¿Qué hay que enseñar a los hijos?" Ed. Proteus

jueves, 25 de febrero de 2010

188.- .- VALENTÍA Leyendo juntos "¿Qué hay que enseñar a los hijos?" (Victoria Camps)

"Nuestros hijos crecen superprotegidos.(…)Les evitamos todos los traumas para que no sufran, les allanamos el camino todo lo que podemos. Con tales mimbres, ¿de dónde pretendemos que saquen energías para enfrentarse a los sucesivos disgustos y fracasos de los que nadie se libra? Parece que no estamos sacando partido de una lección que nos da a diario la sociedad de consumo: sólo vale lo que cuesta mucho dinero, lo que se recibe gratuitamente es menos apreciado por razón de la misma gratuidad. ¿Por qué no pensar que eso ocurre también con el esfuerzo no crematístico? Todo lo que cuesta un esfuerzo o un sacrificio es valioso.
No hay esfuerzo sin valentía o coraje. Luego, la valentía está en la base de cualquier valor. La valentía así entendida sigue siendo necesaria, a pesar de los siglos que han transcurrido desde que Aristóteles habló de ella, porque la valentía es ese mínimo de ambición imprescindible para vencer la apatía, la falta de pasión -eso significa a-pathía: sin pasión- por vivir. Una ambición desmesurada -muy propia de nuestro tiempo- no es aconsejable, pero sí la ambición que se fija una serie de metas, y el valor para no cejar en el empeño de alcanzarlas. Si la vida es un proyecto abierto, ¿qué sentido tiene un proyecto carente de ambición y de valor para realizarlo?

La valentía es esa fuerza de la voluntad para llegar a hacer algo y, sobre todo, para enfrentarse a los tropiezos, a las adversidades, a las dificultades con que uno irremediablemente se va a encontrar. Los filósofos medievales llamaron a la valentía fortitudo y animositas.

Ser valiente es ser fuerte y animoso ante las desgracias, saber reaccionar ante el sufrimiento inevitable, incluso cuando ni siquiera se vislumbra una razón para la esperanza. Aún hay otra razón para cultivar la valentía, la de que es un antídoto del egoísmo. Pensar en los demás, tenerlos en cuenta, olvidarse de uno mismo aunque sea momentáneamente, exige valor(p.45- 47)

Fuente: Extractos de las páginas 45-47 del libro de Victoria Camps "¿Qué hay que enseñar a los hijos?" Ed. Proteus

Aquí escribes el resto del contenido que se verá al picar "leer mas...", sobrescribe este texto

domingo, 7 de febrero de 2010

187.-RESPONSABILIDAD.- Leyendo juntos "¿Qué hay que enseñar a los hijos?" (Victoria Camps)


RESPONSABILIDAD
“Los niños de las sociedades avanzadas son víctimas de una superprotección paterna y materna. Digo víctimas porque esa protección excesiva sin duda acaba perjudicándoles. La intención es buena:queremos lo mejor para nuestros hijos y entendemos que querer lo mejor es facilitarles las cosas al máximo, evitarles traumas y malos ratos, impedir que sufran y lo pasen mal. Entre los sufrimientos habituales está el de tener que responder de lo que uno hace si no ha hecho lo que se esperaba que hiciera. Pero esa responsabilidad cada vez es más complicada: porque hay menos normas, somos más flexibles, más permisivos, más tolerantes, estamos más desorientados y los cambios nos desconciertan. ¿Cómo podrá aprender un niño a responder de sus actos si no hay normas o las que hay nunca son precisas? Los castigos y los premios de épocas que ya hemos dejado atrás fueron nefastos, también lo fue la disciplina y la rigidez de las reglas que tuvimos que aprender y seguir. La idea de pecado con todos sus grados de gravedad creaba terribles angustias y un sentimiento de culpa insoportable y, además, ridículo. Una se sentía culpable de ir sin mangas o escotada, de llevar pantalones o de bailar. Pero hay una pregunta interesante que conviene hacerse: Desaparecida la noción de pecado se ha evaporado al mismo tiempo la idea de culpabilidad. ¿Es bueno que el sentimiento de culpa haya desaparecido? ¿No es inevitable para que haya educación en la responsabilidad que exista el sentimiento de culpa? No nos gusta hablar de culpa preferimos hablar de responsabilidad. Pero observamos que al desaparecer aquélla. ésta también se esfuma. Y es que la culpa y la responsabilidad son inseparables.
Los antropólogos distinguen entre dos culturas: la cultura de la vergüenza y la cultura de la culpa. Son como dos fases históricas de evolución de la moralidad. similares a la formación de la conciencia moral en el niño a que me he referido antes. La cultura de la vergüenza es más primaria. se apoya en sanciones externas y no en la convicción interna de pecado o de haber obrado mal. Uno siente vergüenza no tanto por lo que ha hecho. sino por la reacción que su supuesta falta produce en los demás. La culpa. en cambio. es el sentimiento interno de haber transgredido una ley o de haber hecho algo malo. Podemos sentirnos culpables sin que nadie repare en nuestra mala acción.
Tanto la vergüenza como la culpa han sido desastrosas y causantes de más de un desvío psíquico en la formación de la conciencia de las personas. Por eso tendemos a rechazar ambas culturas. La sanción externa que produce el sentimiento de vergüenza es propia de sociedades estáticas y homogéneas. las sociedades donde brotó y se cultivó, por ejemplo, el sentimiento del honor. Una persona deshonrada
era una vergüenza pública y debía sentirse a sí misma como causa de esa vergüenza. El sentimiento de culpa lo han fomentado sobre todo los códigos morales super rigurosos de las religiones(…). Pero volvamos a la pregunta anterior: ¿La mala conciencia, el sentido de la vergüenza o de la culpa, no son inseparables de la transmisión de valores?¿Cómo enseñar que algo está mal si no se produce al mismo tiempo un sentimiento de rechazo hacia lo malo? La moral no es una cuestión sólo de razón, sino de sentimientos. El niño no aprenderá a comportarse correctamente si no siente, al mismo tiempo que sabe, que ciertas cosas son mejores que otras”. (p. 25-26 )
Fuente: Extractos de las páginas 25-26 del libro de Victoria Camps "¿Qué hay que enseñar a los hijos?" Ed. Proteus

sábado, 30 de enero de 2010

186.-BUEN HUMOR.- Leyendo juntos "¿Qué hay que enseñar a los hijos?" (Victoria Camps)

La felicidad no es lo mismo que el buen humor, pero el buen humor es una de las manifestaciones de la felicidad. El hombre es el único animal que ríe, dijo el fi1ósofo francés Bergson. Por medio de la risa se expresan la sociabilidad humana, la simpatía, la generosidad, la amabilidad. No perder el humor, a pesar de todo, es un signo de inteligencia.

El buen humor es, además, un rasgo de buena educación. Las personas malhumoradas y cascarrabias se vuelven incómodas para los demás. Sobre todo, el buen humor es un recurso para aceptarse uno a sí mismo y para remontar de las adversidades que nunca faltan (…).

El niño no sabe regular sus emociones. Pasa del llanto a la risa con una facilidad envidiable, sobre todo cuando es pequeño. Depende de los demás y es fácil distraerle y hacerle olvidar en seguida los malos ratos. A medida que aumenta la independencia, aumentan también la inseguridad, los momentos de tristeza, los enfados y el malhumor empiezan a ser frecuentes. Empieza la etapa -pre y adolescente- en que hay que aprender la dura tarea de superar las frustraciones y aceptarse uno mismo. Aprender a aceptarse con humor y con los propios defectos, pues nadie mínimamente inteligente puede llegar a estar satisfecho consigo mismo. Poner “al mal tiempo buena cara”, porque el humor cura, ayuda a vivir, es liberador(…)

«Que la vida iba en serio / Uno lo empieza a comprender más tarde» empieza un poema de Jaime Gil de Biedma. El privilegio inherente a la infancia es no darse cuenta de la seriedad de la vida(…).(p.17-18)

Fuente: Extractos de las páginas 17-19 del libro de Victoria Camps "¿Qué hay que enseñar a los hijos?" Ed. Proteus



jueves, 21 de enero de 2010

185.-Leyendo juntos: "¿Qué hay que enseñar a los hijos" ( I )

FELICIDAD
"¿Qué madre o qué padre no se ha protegido más de una vez en la fácil excusa: «yo sólo quiero que mi hijo sea feliz»? Querer la felicidad para sí mismo o para otro es un exceso: es quererlo todo. Pero al decir: «sólo quiero su felicidad» estamos haciendo una confesión de modestia: no ambiciono nada, no pido, no exijo, sólo quiero que le vaya bien en la vida, que sea feliz. Nos hemos dado cuenta de que tratar de conseguir un hijo a imagen y semejanza nuestra es iluso y peligroso. Nada es mejor cultivo para la frustración que el deseo no reprimido de ver en el hijo la reproducción de una imagen que previamente tenemos de él. O esperar que sea la compensación de nuestros defectos y faltas. Yo no pude ser médico ni ingeniera de caminos: que lo sea mi hija. Nada más contrario también a la felicidad.
El estoico Séneca, que escribió sabiamente sobre la aspiración humana a la felicidad, dejó dicho que «la vida feliz es la que está conforme con la naturaleza de las cosas». Quería decir que el camino para ser feliz es aceptar la realidad -en este caso, la de los propios hijos- como son: con sus defectos, sus miserias y sus debilidades.
Es contraproducente para la tranquilidad del alma, que seguramente es lo más similar a la felicidad, forzar en exceso a la realidad.
Pero una cosa es forzar la naturaleza de las cosas y otra muy distinta y nada recomendable, dejar hacer. La felicidad no consiste en una especie de estado beatífico en el que todos los deseos y satisfacciones han quedado satisfechos. Ese estado sería, para empezar, inhumano, impropio de nosotros. Nuestro objetivo no es, en realidad, poseer la felicidad, sino más bien buscarla, algo mucho más limitado y que consiste en tratar de obtener el máximo rendimiento y satisfacción con lo que libremente hacemos. En realidad la felicidad no es un objetivo que pueda buscarse por sí mismo. Es el producto obtenido al hacer otras cosas viendo un partido de fútbol, leyendo un libro, charlando con los amigos, planeando unas vacaciones, enrolándose en una ONG.
Lo primero que hay que aprender para conseguir esas pequeñas porciones de felicidad que puede proporcionar la vida, es que el ser humano se distingue del animal en que éste actúa por instinto mientras el hombre escoge su forma de vida. El animal hace lo que le apetece cuando le apetece: un perro ladra, come, duerme o juega cuando su instinto selo pide. El hombre, por el contrario, puede-digámoslo así- tomarse un respiro frente a lo que le pide el cuerpo. El hombre piensa, calcula ,mide, elige, decide y va construyendo su propia felicidad.
Por lo menos, lo intenta. Pues bien, esa diferencia el niño la desconoce.No sabe que lo que apetece en cada momento puede no ser lo más conveniente. Tiene que aprender a controlar las emociones, a esperar, a establecer una distancia entre el estímulo y la respuesta.
Algunos filósofos han insistido en que hay que aprender a distinguir la felicidad del placer. La idea era, en principio aceptable, pero dejó de serlo cuando la diferencia entre felicidad y placer se quiso llevar demasiado lejos, especialmente por obra de los puritanismos y fundamentalismos religiosos. Mi generación, y varias generaciones anteriores a la mía, por ejemplo, crecimos con la idea de que todo lo bueno, apetecible y placentero, era pecado. Es una táctica equivocada para descubrir la felicidad. Los dos grandes maestros del ser humano -dijo el utilitarista Bentham- son el placer y el dolor. Vamos en pos del placer y evitamos el dolor y el sufrimiento. Lo único que el humano puede y debe hacer, y que no hace el animal, es aprender a distinguir y jerarquizar placeres y dolores. A esta capacidad los griegos la llamaron «templanza». Orientar a un niño con respecto a la felicidad es habituarle a la templanza. A reprimirse cuando haga falta. A ser incrédulo con respecto a los modelos de felicidad que ofrecen la sociedad, el mercado, la política.
Ya lo dijo Aristóteles: la felicidad no consiste en obtener lo que la mayoría de la gente cree: dinero, éxito, poder, honores, belleza. Todas estas cosas ayudan, por supuesto, a estar bien con uno mismo, pero no son la felicidad misma. La felicidad -concluía el mismo filósofo- consiste en ser una buena persona
¡Vaya conclusión! ¿Qué es ser una buena persona? ¿Es que alguien puede saberlo? Estamos ante una de las grandes preguntas de la filosofía moral, ésas que no tienen respuestas definitivas, pero nos ayudan a pensar. No hay modelos que retraten a las buenas personas.
Es más: lo que los niños de hoy perciben como modelo es lo contrario de lo que dijo el filósofo: es feliz el más fuerte, el más rico, el más guapo, el más duro, el que sale vencedor de todas las batallas.
Es bueno el que gana y malo el que pierde. Ahí está la dificultad.
En este mundo de competencias, de perdedores y ganadores, ¿cómo hacerle entender a un niño que la felicidad se busca de otra forma, que no siempre es importante ganar y, sobre todo, que ganar no es lo que aparece como tal?
Contestar a estas preguntas con brevedad es imposible .A riesgo de simplificar y de dejar de decir muchas cosas, se me ocurre que, en nuestro mundo, hay por lo menos cuatro riesgos que crean malentendidos sobre la vida feliz. Para combatirlos, habría que tener claro lo siguiente:
1.:La felicidad no consiste en tenerlo todo ni en conseguir todo lo que uno se propone. Ser ambicioso es positivo, pero dado que no todo saldrá a nuestro gusto, es preciso aprender a superar y vencer las adversidades. Es la gran lección que nos enseñaron los estoicos, los únicos filósofos que se enfrentaron de
veras a los grandes problemas de la existencia humana: la enfermedad, el fracaso, la muerte.
2.:La felicidad sólo se consigue en compañía. Necesitamos a los otros para vivir y para ser un poco felices. y, al decir, los otros, no es legítimo pensar sólo en «los nuestros», sino en los que son realmente «otros». La televisión nos acostumbra a contemplar con impasibilidad absoluta el sufrimiento y la tortura
a que está sometida mucha gente.
Esa satisfacción con lo propio independientemente de lo que ocurra fuera se llama mezquindad.
3.:Hay una búsqueda de felicidad que acaba siendo autodestructiva porque convierte en fin lo que sólo era un medio. La adicción a las drogas, las sectas destructivas, la promiscuidad sexual, son mitificaciones de placeres que, a falta de control, acaban volviéndose contra uno mismo. Lo que los adultos deben preguntarse es hasta qué punto fomentan y no corrigen esas ideas de que la felicidad está en lo que produce sólo un placer inmediato.
Hasta qué punto lo están enseñando con su propia vida y con un dejar hacer que no sirve para formar criterio. La satisfacción de cualquier capricho, el recurso a los regalos como solución del aburrimiento, el consumo sin limites, favorecen la confusión de la felicidad con la satisfacción inmediata."( Pag 14-16)
Fuente: extractos del capítulo 1 " ¿Qué hay que enseñar a los hijos? "Victoria Camps

jueves, 10 de diciembre de 2009

182.-La palabra más bella

La Escuela de Escritores, con motivo del Día del Libro, organizó a través de su página web una encuesta en la que participaron más de 47.000 personas. El objetivo de la encuesta era conocer la palabra considerada más bella del castellano.Con 3.364 votos, 'amor' salió ganadora seguida de 'libertad', 'paz', 'vida', 'azahar', 'esperanza', 'madre', 'mamá', 'amistad' y 'libélula', en ese orden. Más de 41.000 internautas de todo el mundo respondieron a la iniciativa 'Tienes la palabra', organizada por la Escuela de Escritores y enviaron 7.130 términos diferentes explicando por qué los habían elegido.
La directora del centro literario, Isabel Cañelles. Manifestó que “ El verdadero ganador es nuestro idioma, por su gran diversidad, y también sus hablantes, por la seriedad con la que tratan a su lengua, incluso en una convocatoria lúdica como ésta",
Entre las explicaciones dadas por los internautas para la defensa de su palabra seleccionada, destacamos la de Romina Madrid, de Santiago de Chile, que justificó su elección con estas explicaciones: "entiendo el término como 'negación de la muerte' (a-mor: -a, negación y mortis, muerte) o como lo que da vida". "En este sentido, el término nos está expresando el sentido del hombre de trascender, de vivir... Me parece hermoso que una palabra tan simple pueda expresar tanto".
En las palabras elegidas predominaron las que comienzan con las letras 'a' y 'c',
Entre las 100 más votadas se ve también una tendencia a términos que proceden del árabe, como 'alféizar' o 'azahar', así como las que contienen las letras 'l' y 'u', como 'libélula' (524 votos), 'lapislázuli' (291) o 'libertad' (1.551).

Nos hemos preguntado por nuestra/s palabra/s preferida/s, bien sea por su sonoridad, su significado en sí o por su significado para nosotros. ¿Cuál es la tuya?
Imagen: "El rapto de Psique" William-Adolphe Bouguereau (1825-1905)

domingo, 18 de enero de 2009

148.-Contra el fanatismo (2)

Una vez dicho que la conformidad y la uniformidad son formas morigeradas pero extendidas de fanatismo, tengo que añadir que, con frecuencia, el culto a la personalidad, la idealización de líderes políticos o religiosos, la adoración de individuos seductores, bien pueden constituir otras formas extendidas de fanatismo. El siglo XX parece haber dado muestras excelentes en este sentido. Por un lado, los regímenes totalitarios, las ideologías mortíferas, el chovinismo agresivo, las formas violentas de fundamentalismo religioso. Por otro, la idolatría universa! de Madonna y Maradona. Tal vez el peor aspecto de la globalización sea la infantilización del género humano. El jardín de infancia global (p25-26)

El fanático es una criatura de lo más generosa. El fanático es un gran altruista. A menudo, está
más interesado en los demás que en sí mismo. Quiere salvar tu alma, redimirte. Liberarte del
pecado, del error, de fumar. Liberarte de tu fe o de tu carencia de fe. Quiere mejorar tus hábitos
alimenticios, lograr que dejes de beber o de votar. El fanático se desvive por uno. Una de dos: o nos echa los brazos al cuello porque nos quiere de verdad o se nos lanza a la yugular si demostramos ser unos irredentos. En cualquier caso, topográficamente hablando, echar los brazos al cuello o lanzarse a la yugular es casi el mismo gesto. De una forma u otra, el fanático está más interesado en el otro que en sí mismo por la sencillísima razón de que tiene un sí mismo bastante exiguo o ningún sí mismo en absoluto. (p.28)

El sentido del humor es un gran remedio. Jamás he visto en mi vida a un fanático con sentido del humor. Ni he visto que una persona con sentido del humor se convirtiera en un fanático, a menos que él o ella... lo hubieran perdido. (p 34)
Extractos del libro: "Contra el fanatismo" de Amos Oz

martes, 13 de enero de 2009

147.-Contra el Fanatismo (1)

La actual crisis del mundo, en Oriente Próximo, o en Israel/Palestina, no es consecuencia de los valores del islam. No se debe a la mentalidad de los árabes como claman algunos racistas. En absoluto. Se debe a la vieja lucha entre fanatismo y pragmatismo. Entre fanatismo y pluralismo. Entre fanatismo y tolerancia. (pág. 12 )
El fanatismo es más viejo que el islam, que el cristianismo, que el judaísmo. Más viejo que cualquier ideología o credo del mundo. (…) La gente que ha volado clínicas donde se practicaba el aborto en EE UU, los que queman sinagogas y mezquitas en Alemania, solo se diferencian de Bin Laden en la magnitud pero no en la naturaleza de sus crímenes. (pág. 13)
Traidor –creo- es quien cambia a ojos de aquellos que no pueden cambiar y no cambiarán, aquellos que odian cambiar y no pueden concebir el cambio, a pesar de que siempre quieran cambiarle a uno. En otras palabras, traidor, a ojos del fanático, es cualquiera que cambia. Y es dura la elección entre convertirse en un fanático o convertirse en un traidor. No convertirse en fanático significa ser, hasta cierto punto y de alguna forma, un traidor a ojos del fanático. Yo he hecho mi elección y este libro es prueba fehaciente de ello (p. 20)

El fanatismo surge por doquier. Con modales incluso silenciosos y civilizados. Está presente en nuestro entorno y tal vez dentro de nosotros mismos.( P. 21 )
No estoy sugiriendo que cualquiera que manifieste opiniones vehementes sea un fanático, claro que no. Digo que la semilla del fanatismo siempre brota al adoptar una actitud de superioridad moral que impide llegar a un acuerdo.(p.22)

fragmentos del libro "Contra el fanatismo" de Amos Oz